Narrado por Begoña Ferrero
Diciembre de 2009



Allá por los años 80, trabajaba yo en la Obra Social de la Caja de Canarias. Un buen día un compañero, Cristóbal - que en paz descanse - me preguntó: ¿Quieres hacer un curso de masaje? La empresa ofrecía dos becas y se acordó de mí. Un tanto sorprendida, le contesté que sí. Total ¡era gratis!

Me gustó tanto el masaje que me ilusioné mucho con el curso, pero también pensaba… - ¡qué pena! Ésto podría quedar mucho mejor si… - Y recreaba mi imaginación pensando en todo aquello que yo creía que le faltaba para que fuera perfecto.

Terminó el curso y todos recibimos el diploma, pero yo no quedé satisfecha, tenía aún muchas dudas, así que decidí seguir indagando. Viajé a Madrid, Bilbao y Barcelona (por ese entonces no existían escuelas específicas en Canarias). Me reciclé y aprendí, creo, lo suficiente para poder afrontar todo lo que soñaba hacer.

Un día propuse a mi primer socio que se independizara de la empresa donde trabajaba, para así crear la primera escuela de masaje de las Islas Canarias.

– Si tú te asocias conmigo, ¡me atreveré! – me contestó.

- De acuerdo - le dije.

Y así empezó mi odisea. Creamos la sociedad Baezfer, nombre formado por el inicio de nuestros primeros apellidos. Baezfer sonaba fuerte, elegante, al menos a mí me lo parecía. Esto ocurría en el año 1988. Luego vivimos 3 años muy activos e intensos, donde conocimos a personas maravillosas vinculadas con la medicina popular canaria, médicos afines a ella, verdaderos maestros y entusiastas. Por fin, en 1991, opté por seguir en solitario. Y aquí comenzó mi segunda odisea.

No fue nada fácil, aunque sí muy gratificante. Tuve mucho miedo, tanto, que pasaba las noches en vela preguntándome - ¿Seré capaz? -. La fortaleza llegó gracias a los propios alumnos. Ellos me animaban.

– Adelante Begoña. Tú puedes – Me decían.

¡Ni uno solo me abandonó!, y recuerdo sobre todo a Chano, un policía, que me dijo:

- Mi enhorabuena Begoña. Ya era hora. Todos te apoyamos.

Sus palabras fueron el acicate que fortaleció mi espíritu. Aquel grupo de alumnos quedó para siempre en mi recuerdo y en mi corazón.


Begoña Ferrero enseña a sus primeros alumnos

A partir de ahí, me propuse tres cosas:

  1. Buscar un local más adecuado
  2. Rodearme de buenos profesores
  3. Ofrecer muchas alternativas

Mi primera Escuela era pequeña, tan sólo un aula con camillas para el masaje y otra aún más pequeña para la teoría. Entonces busqué un buen local, lo acondicioné, y me mudé a la nueva Escuela, con toda la ilusión del mundo.

Luego empecé a recibir muchas llamadas de personas que pedían información desde pueblos lejanos a la capital. Se lamentaban de que no estuviera más cerca.

Así que decidí buscar otro local acercándome a las gentes del sur. Aprovechando que Emma, una de mis hijas, ya se encargaba de los cursos en Las Palmas, se constituyó la segunda Escuela en Vecindario.

Los comienzos fueron muy difíciles, tenía que bajar todos los días desde Las Palmas y el grupo de alumnos era tan pequeño que no alcanzaba ni para los gastos de alquiler, así que yo hacía de todo, clases, limpieza, secretaría y demás, porque había que ahorrar. Mi esfuerzo y energía se centraron en ofrecer calidad y así lo hice, contratando a serios profesionales e incorporando a Oliver, otro de mis hijos.

Hoy día disponemos en Vecindario de tres aulas bien equipadas. Los alumnos se han triplicado y dentro de muy poco, si Dios quiere, dispondremos de un edificio en propiedad, pues estamos construyendo una nueva Escuela y adecuándola a nuestras necesidades, grande, cómoda y moderna.


Aula de la escuela de Vecindario

Y lo hemos intentado también en la isla de Tenerife.

Las continuas llamadas desde esa isla nos animaron a ello, pero tropezamos con la normativa del Ayuntamiento de La Laguna. Sin embargo, no pierdo la esperanza. Algún día, más temprano que tarde, estaremos allá, y brindaremos en la inauguración de nuestra sucursal en esa bendita y preciosa isla. A pesar de mis años, espero estar para levantar mi copa y brindar por ello.

Agradecimientos

Debo a las monjitas que me enseñaran la cultura general con sus cuatro reglas, buena caligrafía y ortografía, algo que les agradezco mucho, pues por esas fechas, año 1950, no se podía permitir económicamente otra cosa, máxime viviendo en un pueblo lejano a la capital, Tejeda. Y de lo aprendido en aquel colegio de monjas, destaco además tres virtudes: paciencia, capacidad de trabajo y constancia, virtudes que, añadidas a la necesidad de sacar adelante una familia de cinco hijos, han bastado para que tuviera el coraje y y valor para afrontar todos los retos y dificultades que tuve en mi empeño de crear esta maravillosa Escuela, y poder llegar a disfrutar hoy del legado presente.

Quiero dar las gracias a la Cámara de Comercio y a los estupendos profesores que nos han asignado, pues a buen seguro, la formación continua reforzará nuestros conocimientos, nos hará más fuertes y competitivos, para seguir adelante triunfando un nuestros proyectos.

Y sería ingrato por mi parte si no reconociera la labor de mis hijos y mi nieta mayor en la segunda etapa de la empresa. Deseo de todo corazón que sigan disfrutando tanto como yo lo he hecho, superándose y luchando por este reto tan inmenso que es creer en tus propios sueños y convertirlos en realidad.

Filosofía de la empresa

De esta descripción novelada se deduce el siguiente legado:

1. Excelencia de los Recursos humanos, tanto del personal no docente, como docente

Todos deben ser formales en el cumplimiento de sus atribuciones, y ofrecer un trato cercano al cliente. El esfuerzo se comparte de forma equitativa, y se actúa mediante consenso en los criterios de formación del alumnado y otras cuestiones estratégicas, para lo cual hay una buena y cordial comunicación.

Se valora todo aquello que refuerce la cohesión del grupo, el reconocimiento justo de los méritos laborales de los trabajadores, la gestión por competencias, el apoyo continuo a la formación y promoción interna, la delegación en cascada, y la apertura a la entrada de nuevos miembros de la familia en la empresa.

2. Excelencia de las Instalaciones

Los locales deben ser adecuados, acogedores, con un buen equipamiento, y con una buena amplitud, comodidad y vanguardia.

3. Excelente calidad del producto, servicio y de los procesos

Con una constante orientación y adaptación al cliente, así como a los requisitos legales, reglamentarios, de calidad, y a los avances científicos y tecnológicos.

4. Ética personal y empresarial

Son especialmente valoradas, la paciencia, la dedicación y la constancia personales. Y como metas empresariales destacan la fuerza, la competitividad, la expansión sostenida y la innovación.